Testimonio de Graciela Daleo



"Que éste sea el último juicio contra un solo genocida"


Graciela Daleo fue la última en prestar testimonio. Con una rigurosidad ya característica detalló todo el diseño represivo de la Escuela de Mecánica. Daleo fue secuestrada el 18 de octubre de 1977en la estación Acoyte del subterráneo y conducida al campo de concentración de la Marina. "Estar en la ESMA era una tortura permanente".


Después de haber sido salvajemente picaneada y golpeada por el teniente de navío Antonio Pernía y por el capitán de corbeta Francis William Whamond, Daleo reconoció que sólo su silencio podía proteger a los compañeros del calvario que ella padecía. Whamond, quien había llegado a la ESMA pidiendo ser incorporado al grupo de tareas, le había dicho que si quería hablar, lo hiciera llamar. Ella decidió que les daría una cita falsa para proteger a su compañero. Cuando le pidió a un guardia que llamara al "Duque", quien acudió no fue Whamond sino Febres. "Vino el Gordo Selva. Yo mentí. Dije que tenía un novio en zona sur. Selva ordenó que se alistara un grupo de asesinos. Inventé una cita en una calle con mucho tránsito para poderme escapar o para tirarme para que un colectivo 85- que pasaba por ahí- me atropellara".


Las imágenes de Febres dentro de la ESMA se agolpaban. Daleo recordó cuando se llevaron a Ana María Ponce, quien pidió que la llamaran y le entregó unos manuscritos con unas poesías. "Loli" escribía poesías en ese lugar de muerte. Daleo dijo que nunca iba a olvidar la última mirada que cruzaron, esos ojos llenos de valentía que preveían el "traslado", el asesinato, la desaparición. "Me puse a llorar contra la pared para que nadie me viera. Sentí que me tocaban el hombro. Era Frankestein. Era Febres porque era el carnaval de 1978". Esa misma máscara detrás de la que se escondía el genocida fue usada una y otra vez para aterrar aún más a los detenidos-desaparecidos.

Era el invierno de 1978. El terror se mezclaba con una farsa futbolística, detrás de la cual se pretendía demostrar que los argentinos eran derechos y humanos. La ESMA no fue ajena a la "fiesta de todos". Algunos de los detenidos pudieron ver el último partido y hasta fueron obligados por sus captores a acompañarlos a "celebrar" la victoria. "A mí me subieron a un Peugeot verde musgo porque nos iban a mostrar cómo el pueblo festejaba ese triunfo. En un momento le pedí a Febres que me dejara parar para ver mejor". Graciela no quería contemplar el júbilo de quienes gritaban "Argentina" mientras en esa misma Argentina se torturaba y se desaparecía. Quería respirar un aire diferente al que respiraban los represores que la llevaban en ese auto. "Tuve una certeza. Si yo empiezo a gritar que soy una desaparecida, nadie me va a dar pelota".


Daleo tuvo que soportar otros "paseos" con el ex prefecto. "Febres me dejó en Paso de los Libres y siguió viaje hasta Misiones llevando a otra prisionera. Nos llevaban al puesto fronterizo para que marcáramos a algún compañero pero ninguno cayó por ese operativo".

Asimismo confirmó que Febres fue uno de los represores que viajó a Asunción del Paraguay intentando recapturar a Jaime Dri, quien se había fugado mientras esperaba en la frontera.
Aunque esas no eran las únicas funciones del represor. "Supe que Héctor Antonio Febres tenía a su cargo a las embarazadas. El responsable específico era él. Esto no quiere decir que los otros oficiales del grupo de tareas no tuvieran conocimiento de esto", fue clara Graciela Daleo.

Por último, Daleo se refirió a los juicios y a la necesidad de que los represores sean castigados. "Es absolutamente imprescindible que todos los genocidas vayan a la cárcel por todos los crímenes que cometieron. Y, digo, no sólo los que tenían uniforme sino también los civiles".
La voz, la exigencia de Daleo fue la de todos los militantes de Derechos Humanos que detrás del vidrio blindado escuchaban su declaración. "Que éste sea el último juicio contra un solo genocida. Porque acá hubo una co-responsabilidad de la dictadura. Hay que establecer un límite al poder genocida del Estado para que los más viejos podamos decirles a los compañeros que algo pudimos hacer por lo que soñaron aún cuando estaban en capucha".
De pie la sala, desafiando la orden de "Silencio", estalló en un aplauso. Una vez más, haciéndose eco de las palabras de Daleo. "Este juicio es un homenaje a los compañeros que nos marcaron este camino de resistencia".